Trucos para no comer sólo porque estás aburrida

1. Tomá conciencia: a veces, comés sin pensar, sin estar realmente hambrienta y formás hábitos que te juegan en contra. Si te encontrás camino a la heladera para encontrar algo para picar o en busca de algo dulce porque no tenés más nada que hacer, hacé un balance de cómo te estás sintiendo en ese momento. ¿Estás estresada? ¿Aburrida? Salvo que tengas mucho hambre, no hay razón para asaltar la heladera.

size1_65469_186218666

2. Repensá tu tiempo frente a la televisión: cuando no tenés nada planeado para un viernes a la noche o para el domingo a la tarde, quizás sea muy tentador tirarte en tu sillón a mirar la tele, con un paquete de galletitas o una bolsa de papas fritas. Si estás constantemente picoteando mientras mirás la tele, es hora de que hagas un mejor uso de tu tiempo y dejes de lado este hábito poco saludable. Tené unas pesitas livianas a mano o una bici fija cerca de la TV y aprovechá: mientras mirás tu programa favorito, poné el cuerpo en movimiento.

3. Probá con un poco de agua:
muchas personas confunden la sensación de sed con hambre. Si comiste hace poco y no estás satisfecha, tomá dos vasos de agua y esperá 20 minutos a ver si todavía tenés hambre.

4. Sentate, siempre: si comés apoyada en la mesada o directo desde la heladera, no vas por buen camino. Cuando comés de pie, no siempre estás muy consciente de lo que consumís y la comida no es considerada como tal. En lugar de andar por ahí comiendo, designá un horario y un lugar para todas las comidas (incluidas el desayuno y la merienda). Sentate a la mesa y disfrutá de tu plato. Esto no sólo te va a ayudar a diferenciar entre el aburrimiento y el hambre, sino que vas a notar que comés menos porque no tenés otras distracciones que pueden suceder si estás de pie o de un lado para el otro mientras masticás un sándwich.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *