Cosas que influyen en peleas con tu pareja

Cosas que influyen en peleas con tu pareja. Egoísmo no es vivir como uno cree que ha de vivir, sino exigir a los demás que vivan como a uno le parece”. Sin pretenderlo, Oscar Wilde dio con la punta del iceberg que revela en el cerebro un coctel químico letal para la pareja: cada cuatro minutos se rompe un matrimonio y quién sabe cuántas relaciones. Más de cien años después, Eduardo Calixto González, jefe de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría, retoma la cita del escritor para desmenuzar la química y la genética de las discusiones en pareja, porque lo que se ventila en la alcoba no es ni la sombra de la contienda que se puede estar librando en los cerebros.

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Para que sepas lo que ocurre en todo tu cuerpo te traemos 10 cosas que te ocurren cuando peleas con tu pareja:

Del amor al odio: En 2008, científicos de la Universidad de Londres revelaron, mediante una resonancia magnética realizada a 17 individuos, que la red del cerebro que se activa al odiar es casi idéntica a la que se activa por el amor. Es decir, el amor y el odio tienen áreas comunes en el cerebro. Por una parte, la corteza prefrontal, que intenta inhibirse, y por otra, el sistema límbico, más emocional e impulsivo. La primera aporta el lenguaje, la lógica y las reglas sociales o incluso religiosas, intentando así frenar los  excesos de la dopamina que, en sus picos más altos, podría convertir una disputa en auténtica batalla campal. La corteza prefrontal hace que las discusiones sean más constructivas y menos impulsivas.

Lo bueno de la pelea: El enojo nos hace competitivos, nos permite una mejor interacción con el entorno y nos sirve para encarar adecuadamente una sociedad con hechos adversos. Discutir en pareja ayuda a mantener la mente en activo y frena el deterioro cognitivo, según atestigua un equipo de investigadores escandinavos dirigido por el psicólogo Krister Hakansson. Ahora también parece que alarga la vida. Al menos eso concluye un estudio de la Universidad de Michigan, divulgado por la revista Journal of Family Communication, que resalta los beneficios de las discusiones de pareja, puesto que permiten expresar sentimientos y resolver conflictos. En el transcurso de la investigación, que duró 17 años, los científicos detectaron que, en la mitad de las parejas, al menos uno de sus miembros murió de forma prematura por no reaccionar ante un ataque o crítica injusta por parte del otro y retener su indignación.
     
Mejor sácalo: Verónica Rivas, directora del Centro de Psicología Integral, una institución privada, asegura que es mejor ventilar los problemas a no discutirlos, y que los inconvenientes vienen cuando la gente es “analfabeta emocional”. Que la ira y el enojo se queden atorados y no se sepa cómo manejar las emociones a la larga puede causar enfermedades como artritis, diabetes o ataques al corazón. El enfado se transforma en mayor riesgo de enfermedades cardiacas, debilitamiento del sistema inmunitario, alteraciones hormonales, depresión, aumento de la presión arterial…
     
Peor para ellas: Y las mujeres salen peor paradas. Un equipo de científicos de la Universidad de Ohio, liderado por la doctora Janine Kiecolt-Glaser, se ha dedicado a recoger durante años datos sobre la relación entre matrimonio y salud. De momento, ha encontrado que las mujeres recién divorciadas, y también las casadas que se declaran poco felices o con maridos hostiles, tienen un sistema inmunitario más débil.
     
Peleamos diferente: Tenemos distinta organización cerebral (nuestra corteza prefrontal madura a velocidad distinta, en las mujeres madura a los 22 años; en los hombres, a los 25) y por motivos evolutivos. Estos hallazgos nos permiten entender el cerebro cuando uno discute. Se sabe, por ejemplo, que a causa de las hormonas, sobre todo de los estrógenos, la mujer disfruta de una mayor conexión neuronal, y además la estructura que une ambos hemisferios, denominada cuerpo calloso, es 30% más grande y tiene mayor densidad de células nerviosas. Lo que significa que llega a pronunciar a diario entre 25 mil y 32 mil palabras, mien- tras que el hombre se queda entre 12 mil y 15 mil. O sea, mientras ella se explica y, a veces, se desgañita, él apenas acierta a pronunciar algún monosílabo.  Él la aventaja, sin embargo, en el tamaño de los tálamos, justo la región vinculada con el inicio del deseo sexual y el control hormonal, lo que permite que sus niveles de testosterona aunque elevados, se mantengan estables.
     
Hormonas en juego: El tono de una disputa depende a menudo de los niveles hormonales de la mujer durante su ciclo: mientras los estrógenos la alteran, la progesterona le induce un estado de somnolencia.

“La paradoja de la vida es que el hombre configurado para la concordia por el peso de su cerebro, sus niveles de testosterona más estables y su tálamo mayor– en la discusión llega más fácilmente a la violencia y la fuerza por el dominio de su aígdala”, explica Calixto. Pero somos seres sociales, y en algún momento las hormonas deberían ceder el mando al juicio. De nuevo se interponen diferencias de sexo. “Cuando los hombres terminan de madurar su corteza prefrontal, a los 25 años, ellas ya llevan al menos tres años con una estructura tan desarrollada como para enzarzarse en una pelea dirigiendo sus emociones hacia una conversación fluida y astuta, y con un lenguaje más elaborado.”
 
El lado animal: La última hipótesis que menciona Calixto es la antropológica, que nos emparenta con otras especies de mamíferos pero con los debidos matices evolutivos. El macho discute violento, con muchos gestos y sugiriendo furia, mientras que, en la hembra, la pelea implica defensa.
     
Rencor: Sean cuales fueren los motivos que dirigen una discusión, lo cierto es, como dice Inés Vargas, psicóloga y académica de la Facultad de Estudios Superiores-Zaragoza de la UNAM: “Las palabras son como latigazos: se quedan y, si la persona no se disculpa, en la otra persona quedan como una cicatriz abierta, y si la otra persona tiene baja autoestima, esto se la reafirma más”.  Al respecto, Rivas comenta que la comunicación en la pareja lo es todo. “Es la columna vertebral de la relación. Si se rompe, se abre un abismo muy difícil de reconciliar. Se rompe el puente y hay que volverlo a construir.”
     
Inteligencia emocional: Los seres humanos contamos con el aprendizaje social, “una herramienta eficaz para convertir nuestras peleas en oportunidades de aprender conductas y controlar emociones”, añade Calixto. Sucede, por eso, que personas con alguna alteración psiquiátrica o que sufren alguna falla en la corteza prefrontal estallan más fácilmente con un arranque de violencia.
     
¿Amor o poder? Lo peor para cualquier pareja es el silencio. “Una pareja pobre en disputas se arriesga a estallar en furia en algún momento de la relación. La otra, quizá aún más arraigada, es la tiranía de la media naranja, que ha llevado a tantas personas a querer imponer su razón por encima del otro.

“Cuando empiezan los gritos e insultos, cuando se discute mucho sobre un tema y no se llega a ningún arreglo, quiere decir que ya estamos envueltos en una lucha de poder, en ver quién gana”, asegura Rivas.

Se debe tener cuidado de no empezar ni los gritos ni los insultos ni las discusiones que no llevan a ningún lado, porque esto indica que ya se está envuelto en una batalla de egos.

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