Barack Obama Representa el sueño americano

Barack Obama REPRESENTA el sueño americano. “¡Yes we can!”, gritaban los que habían votado por Barack Hussein Obama hace cuatro años. El 4 de noviembre de 2008 el actual inquilino de la Casa Blanca que prometía “un cambio” hacía historia convirtiéndose en el primer presidente negro de EE.UU.

El tiempo pasó -pareciera que demasiado rápido- y el entusiasmo se disipó. El carisma que arrastraba a multitudes, que lo llevó a triunfar en la interna demócrata ante Hillary Clinton -que carga con un apellido líder en popularidad- y luego ante el héroe de guerra republicano John McCain y que lo hizo acreedor del Premio Nobel de la Paz pocas semanas después de llegar al poder, no es el mismo.

Obama, canoso y con 51 años encima, aún arrastra multitudes, pero llega a las presidenciales con una popularidad debilitada por la peor crisis económica desde 1929. Es verdad que el presidente heredó la debacle financiera del republicano George W. Bush, pero también es cierto que en cuatro años no se lograron grandes avances y que hay más de 12 millones de desempleados a los que no se les puede pedir más paciencia.

“Obama sabe lo que es el sueño americano porque él lo vivió”, ha dicho alguna vez Michelle Obama, la primera dama que hoy goza de mayor popularidad que su marido. El ahora presidente nació en Hawai el 4 de agosto de 1961, el mismo año en que JFK llegó al poder y cuando todavía los matrimonios interraciales no estaban permitidos en muchos estados. De su padre, un universitario keniata, heredó su nombre completo y también el color de su piel; de su madre blanca, Ann Dunham, su sangre norteamericana.

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